Las polémicas declaraciones del diputado provincial Rubén Armando Rivarola contra la senadora nacional María Carolina Moisés en Palpalá encendieron una profunda alarma sobre la naturalización de la violencia machista en la política.

El hecho ocurrió durante el acto encabezado por el gobernador bonaerense Axel Kicillof en el Club Atlético Altos Hornos Zapla. En ese escenario, el legislador peronista se refirió a la senadora en términos peyorativos y desconsiderados, llegando a expresarle que debía mandarla a la pieza, un acto calificado como una clara agresión misógina.

Este episodio no constituye un hecho aislado dentro de la dirigencia local. Diversas referentes partidarias e institucionales han padecido a lo largo de los años agresiones similares sin que existan costos políticos reales, lo que evidencia una tolerancia sumamente laxa frente a la descalificación sistemática.

Silencio dirigencial y judicialización

Lo más inquietante del suceso fue la escasa reacción y el repudio limitado por parte de diversos sectores políticos y organizaciones. Ante esta situación, se abrió un fuerte debate sobre la necesidad de llevar el caso a la justicia penal federal amparándose en la legislación vigente sobre violencia política contra las mujeres, o bien exigir que la política se haga cargo de sus propias miserias internas.

La senadora aludida respondió públicamente con firmeza ante los agravios recibidos, mientras el conjunto de la sociedad observa cómo la interna partidaria profundiza la degradación institucional. El silencio ante lo ocurrido en Palpalá no hace más que consolidar prácticas repudiables que dañan profundamente la vida democrática.