Cada 1 de noviembre, la Iglesia católica conmemora el Día de Todos los Santos, una fecha que en el territorio provincial adquiere una dimensión única al fusionarse de manera indisoluble con las arraigadas tradiciones de los pueblos andinos.
Esta celebración central del calendario litúrgico está destinada a honrar a todas aquellas personas que alcanzaron la vida eterna, abarcando tanto a los santos reconocidos oficialmente como a aquellas almas virtuosas cuya santidad es conocida únicamente por Dios. El origen de esta festividad se remonta a los primeros siglos del cristianismo, cuando las comunidades recordaban a los mártires caídos por su fe, consolidando con el tiempo una jornada de alegría y esperanza por la vida eterna.
En el ámbito local, la fecha adquiere un profundo sentido de identidad a través de la preparación de las tradicionales mesas de ofrendas. Según las creencias ancestrales, las almas de los seres queridos regresan a visitar sus hogares durante estas horas, motivo por el cual las familias disponen fotografías, velas, flores, bebidas y los platos preferidos de quienes ya no están físicamente.
La palabra de las autoridades y el sentido de la fecha
Consultado sobre la significación de la jornada, el padre José Quispe explicó en una entrevista anterior que se trata de un día muy especial porque se celebra a todos los santos, más allá de los que figuran en los altares, destacando la importancia de mantener vivas las costumbres familiares y los momentos de oración compartida.
Por su parte, la directora municipal de Ferias, Rosa Sáenz, resaltó la magnitud del evento al señalar que la Feria de los Santos y Fieles Difuntos organizada sobre la avenida 19 de Abril refleja fielmente la identidad cultural de la región. De este modo, la comunidad mantiene vigente un legado que se transmite de generación en generación, uniendo la devoción religiosa con la memoria colectiva de los pueblos originarios.