Lula da Silva logró este domingo un hito inédito desde el retorno de la democracia en Brasil al ganar un balotaje tras haber quedado en segundo lugar en la primera vuelta y consiguió un cuarto mandato no consecutivo.
El líder del Partido de los Trabajadores obtuvo el 51,74% de los votos frente al 48,26% que consiguió el senador Flávio Bolsonaro en una contienda histórica. En la instancia inicial, el actual mandatario había alcanzado el 45,1% de los apoyos, una diferencia que rompió la regla histórica en el gigante sudamericano donde el ganador de la primera vuelta siempre se imponía en el Palacio de Planalto.
Durante una campaña marcada por la tensión, el oficialismo impulsó un fuerte paquete de medidas económicas y sociales para captar votantes. Entre las iniciativas destacadas se implementó un aumento del 15% en el programa Bolsa Família, beneficiando a casi cincuenta millones de personas, además de créditos blandos y la eliminación temporal de impuestos a los combustibles para contener la inflación.
Una pulseada decisiva centrada en la democracia y la economía
La agenda del presidente electo también incluyó la defensa de las políticas ambientales con una reducción de la deforestación amazónica y propuestas de seguridad basadas en inteligencia. Por su parte, la oposición cuestionó fuertemente el impacto del costo de vida y las cuentas públicas, mientras los mercados y sindicatos debatían medidas recientes como la reducción de la jornada laboral aprobada en el Congreso.
Tras sufragar en el estado de San Pablo, el referente de la izquierda remarcó la importancia de proteger los derechos sociales frente a las propuestas de sus adversarios. De este modo, la participación ciudadana y la rápida movilización de las bases terminaron por inclinar una balanza electoral que parecía adversa tras el primer tramo de los comicios.