Tras un octubre con registros históricos de lluvias, el fenómeno alcanzará su pico de intensidad entre diciembre y enero. Expertos advierten sobre el aumento del caudal de los ríos y la necesidad de mantener limpias acequias y colectores aluvionales para prevenir incidentes.

El Pacífico ecuatorial ha enviado una señal inequívoca: el fenómeno de El Niño 2026-2027 ha entrado oficialmente en la categoría de intensidad "muy fuerte". Con una anomalía térmica que ya supera los +2,0 °C en la región Niño 3.4, el sistema climático global se prepara para un verano de extremos que, en Mendoza, ya ha comenzado a manifestarse con precipitaciones que no se veían desde hace décadas.

La magnitud del evento es tal que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la NOAA de Estados Unidos proyectan que el pico máximo de calentamiento ocurrirá entre diciembre de 2026 y enero de 2027, con una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista al menos hasta febrero de 2027. Para la provincia, esto se traduce en un escenario de humedad persistente y una dinámica hídrica que ya está transformando el paisaje cordillerano.

De la anomalía en el Pacífico al récord de lluvias en la cordillera

El impacto de este "Súper Niño" ya dejó huellas profundas en el territorio mendocino durante el último mes. Según datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), octubre de 2026 fue un mes extraordinario: la estación del aeropuerto El Plumerillo registró 78 mm, la cifra más alta para ese mes desde 1956. El sur provincial no se quedó atrás, con San Rafael acumulando 209 mm y Malargüe alcanzando los 236 mm, mientras que en la zona de piedemonte, la estación El Peral marcó un récord de 169 mm.

Este exceso de precipitaciones tiene una explicación física directa: el calentamiento anómalo de los océanos altera la circulación de los vientos, trayendo más humedad hacia el continente. Según Santiago Ruiz Freites, gerente general del INA, estas lluvias suelen ser de carácter convectivo, lo que significa que pueden ser muy intensas en sectores específicos, dejando zonas con inundaciones mientras otras permanecen secas. Además, la abundancia de nieve en la alta montaña ha garantizado un beneficio hídrico clave: se anticipa que el río Mendoza presente un caudal casi el doble de lo registrado en la temporada anterior debido al deshielo.

Alerta en el piedemonte y vigilancia en los viñedos

A pesar del alivio que representa para la crisis hídrica tras años de sequía, el escenario exige máxima precaución. Los especialistas advierten que el aumento de la humedad y la nubosidad constante durante el verano pueden favorecer la aparición de hongos en los cultivos, un riesgo crítico para la industria vitivinícola. Asimismo, el riesgo de tormentas intensas y granizo se mantiene elevado, lo que requiere un monitoreo constante por parte de los productores.

Por otro lado, la seguridad habitacional es una prioridad. Las lluvias intensas en la zona de montaña pueden derivar en aluviones y crecidas repentinas en arroyos y zonas de piedemonte. Ante este panorama, las autoridades locales y el Ministerio de Ambiente han instado a la población a mantener limpias las acequias y desagües, y a seguir estrictamente los avisos del SMN, recordando que, si bien los modelos estacionales marcan la tendencia, las tormentas severas son eventos de corto plazo que requieren atención inmediata.