La diputada provincial Paula Franco formalizó una denuncia penal y policial contra el dirigente político y abogado Fernando Urizar por la utilización inconsulta de inteligencia artificial para replicar su imagen y su voz en contenidos audiovisuales difundidos masivamente en redes sociales.
La presentación, radicada ante la Dirección Cibercrimen de la Policía de Misiones, detalla que las publicaciones se realizaron a través de plataformas como Facebook, Instagram, TikTok y YouTube durante los meses de octubre y noviembre. Según consta en el expediente, los contenidos fraudulentos construyen una representación sintética de la legisladora mediante la cual se le atribuyen situaciones ficticias, de vulnerabilidad, persecución y hostigamiento que nunca ocurrieron en la realidad.
La referente del bloque Encuentro Misionero remarcó que estas producciones digitales afectan de manera directa su honor, su vida personal y familiar, su actividad laboral y el normal ejercicio de su función pública. Ante este escenario, la legisladora exigió medidas urgentes de protección, entre las que se incluyen una prohibición expresa para que el denunciante no vuelva a nombrarla ni utilizar su imagen, el cese inmediato del hostigamiento, restricciones de contacto digital y la preservación integral de todas las pruebas informáticas recolectadas.
El trasfondo de los videos y la serie digital
El conflicto legal se originó a partir de la difusión de piezas audiovisuales vinculadas al ciclo denominado El Vengador de Misiones, un personaje impulsado por Urizar que utiliza tecnología de clonación sintética para recrear episodios de tinte satírico. En particular, las acciones judiciales apuntan a contenidos de la serie titulada Operación Lavanda, los cuales incluyen representaciones digitales de la propia diputada y del vicegobernador Lucas Romero Spinelli, con quien Franco mantiene una relación sentimental de carácter público.
En su presentación ante la Justicia, la legisladora aclaró de forma taxativa que su reclamo no se fundamenta en cuestionamientos a la labor periodística, a la crítica política tradicional ni a las referencias humorísticas sobre su vínculo personal, sino en la suplantación deliberada de identidad mediante herramientas de inteligencia artificial para incorporarla en escenas y diálogos totalmente inventados. El resonante caso abre un profundo debate legal en el distrito sobre los límites éticos y penales de la tecnología aplicada a la sátira política.