En una entrevista con un medio internacional, Cristina Kirchner confirmó su intención de mantener la centralidad en el peronismo y no descartó pelear por la presidencia cuando recupere sus derechos políticos, profundizando la tensión interna con el sector de Axel Kicillof.

A pesar de encontrarse en condición de detenida e inhabilitada para ejercer cargos públicos, la exmandataria reafirmó su postura de no ceder en la disputa por el liderazgo del principal espacio opositor. Ante la consulta directa sobre si buscará postularse a la presidencia, la dirigente respondió de manera categórica: ¿Por qué no?, en declaraciones reproducidas este lunes por The Washington Post. Asimismo, reconoció que el peronismo pavimentó el triunfo de Javier Milei debido al colapso de la cultura laboral, y advirtió que la ciudadanía se encuentra frustrada ante una administración que ataca activamente a los sectores más vulnerables.

La entrevista, concretada semanas atrás, coincidió con expectativas sobre un eventual pronunciamiento del Comité de Derechos Humanos de la ONU respecto a la condena a seis años de prisión y la inhabilitación perpetua. Mientras desde el entorno de la exmandataria aguardan medidas cautelares sin fecha cierta, en el gabinete del gobernador bonaerense manifestaron su deseo de que el organismo internacional se expida rápidamente para dar vuelta la página, evitar la centralidad exclusiva de la proscripción y enfocar los esfuerzos en la construcción electoral mediante PASO.

La pulseada por el liderazgo y los armados de cara al próximo año

La tensión territorial y simbólica se multiplica en los distintos sectores del peronismo. Mientras ministros bonaerenses como Carlos Bianco ratifican la necesidad de dirimir las candidaturas a través de la competencia interna, dirigentes alineados con La Cámpora cuestionan los movimientos del mandatario provincial y advierten sobre la representación del capital político de la expresidenta. En paralelo, Sergio Massa se reunió en sus oficinas con estrategas brasileños de la campaña de Lula da Silva para evaluar experiencias electorales y avanzar en el armado de un frente nacional opositor, consolidando la complejidad de un escenario donde convergen múltiples ambiciones de cara a los comicios venideros.

Las definiciones sobre las postulaciones se procesarán en un tablero político atravesado por la crisis económica, la reconfiguración de alianzas y la disputa por la conducción del movimiento justicialista. Con la estrategia de no delegar la representación central, la figura de la exmandataria continúa marcando el compás de las discusiones tácticas en el horizonte electoral argentino.