Un bloque de cinco países europeos avanza en un plan secreto para enviar inmigrantes rechazados a Ruanda, reviviendo la iniciativa fallida del Reino Unido.

A pesar de que el anterior intento británico de deportar solicitantes de asilo a territorio ruandés terminó en un estrepitoso fracaso económico cercano a los mil millones de dólares, el gobierno de ese país africano vuelve a estar en el centro de la escena internacional. Una coalición integrada por Alemania, Austria, Dinamarca, los Países Bajos y Grecia lleva meses negociando para concretar un centro de deportaciones.

Si el avance de las tratativas continúa por el mismo camino, aquellas personas que no posean un derecho legal para permanecer en suelo europeo podrían ser derivadas a la nación africana a partir del próximo año. Fuentes diplomáticas y organizaciones de derechos humanos confirmaron que las conversaciones se encuentran en una etapa avanzada de definición.

La presión migratoria y el fantasma del modelo británico

La eurodiputada neerlandesa Anna Strolenberg aseguró recientemente que se espera un acuerdo en el corto plazo, tras mantener encuentros con funcionarios locales en Ruanda. Esta estrategia se enmarca dentro de un endurecimiento generalizado de las políticas migratorias en las potencias occidentales, que buscan alternativas drásticas para frenar el flujo de ingresos irregulares.

Los gobiernos impulsores de esta medida prefirieron evitar responder preguntas concretas sobre la elección definitiva de Ruanda como destino final, aunque llevan meses defendiendo la necesidad de crear centros externos para descomprimir la crisis fronteriza. Argumentan que esta clase de operativos funcionará como un elemento disuasivo para detener la llegada masiva de nuevos solicitantes en el futuro cercano.