Los chips especializados que hacen funcionar la inteligencia artificial ya no son adquiridos únicamente por los gigantes tecnológicos, sino también por empresas que buscan mantener la gobernanza absoluta de su información.
Detrás de cada respuesta de herramientas avanzadas hay un centro de datos equipado con GPUs, unidades de procesamiento gráfico capaces de ejecutar miles de operaciones en paralelo. Concebidos originalmente para videojuegos, estos componentes se convirtieron en el producto más demandado de la industria, permitiendo a las compañías operar con infraestructura propia para garantizar mayor seguridad, soberanía de sus datos y una gestión eficiente de los costos.
La magnitud del fenómeno se refleja en las cifras de NVIDIA, la empresa que fabrica la mayoría de estos procesadores, cuyas ventas globales se duplicaron en un año y concentran una facturación monumental proveniente de los centros de datos. La consultora Gartner estimó que el gasto mundial en inteligencia artificial crecerá casi un cincuenta por ciento, expandiéndose rápidamente hacia corporaciones de todos los rubros industriales.
Desafíos y soberanía de datos en la región
Christian Mendes Gouveia, director general de Park Place Technologies para Latinoamérica, advierte sobre los riesgos de utilizar modelos públicos sin infraestructura propia. "Todos empezamos usando ChatGPT o algún modelo similar de IA, pero una vez que cargás información de tu empresa en una IA pública perdés el control sobre ella", explica el directivo al señalar por qué las compañías prefieren armar modelos internos.
Mientras los mercados desarrollados lideran la transición, en la Argentina cuatro de cada diez pymes utilizan herramientas de inteligencia artificial pero la mayoría se limita a tareas básicas, según datos de la iniciativa nadIA del CEPE Di Tella y Fundar. Para financiar la costosa transición hacia la nueva tecnología y adquirir sistemas de refrigeración líquida, las organizaciones implementan estrategias de mantenimiento independiente que permiten reducir costos operativos entre un treinta y un cuarenta por ciento, liberando presupuesto para consolidar un esquema híbrido y competitivo.