Las recientes elecciones en Estados Unidos marcaron un punto de inflexión histórico al rechazar masivamente la expansión descontrolada de la inteligencia artificial y los centros de datos.

Los votantes expresaron un profundo rechazo hacia la industria tecnológica en los comicios, aprobando decenas de moratorias para centros de datos y eligiendo a candidatos que prometen frenar una inversión calculada en 10 billones de dólares. Este fenómeno tuvo su epicentro en Texas, el corazón de esta industria.

En un escenario marcado por una grave crisis de asequibilidad para millones de estadounidenses, el electorado dejó en claro que las ambiciones de Silicon Valley no se perciben como un milagro tecnológico, sino como una amenaza que agota los recursos hídricos y energéticos de las comunidades.

Un terremoto político y normativo

El triunfo de la demócrata Gina Hinojosa en la gobernación de Texas modificó por completo el panorama para el sector. Hinojosa basó su campaña en mantener una moratoria sobre la construcción de centros de datos hasta que el estado implemente regulaciones estrictas sobre el consumo de agua, electricidad y aire. Informes de la firma de investigación SemiAnalysis advierten que esta pausa prolongada afectará a Texas, estado que concentra el 41% de la nueva capacidad prevista para 2028 en el país.

El malestar también se reflejó en las urnas de estados clave como Ohio, Georgia y Arizona, donde los candidatos ganadores impulsan políticas restrictivas. Según datos de Ballotpedia, de un total de 41 medidas sobre centros de datos presentadas en diez estados, alrededor de dos docenas de propuestas para frenar el desarrollo obtuvieron el visto bueno de los ciudadanos.

Por su parte, referentes políticos como el senador Jon Ossoff y el exasambleísta Alex Bores señalaron que la inteligencia artificial debutó oficialmente como el tema central de la política estadounidense, demostrando que el voto popular continúa imponiéndose frente a los intereses de los ejecutivos más ricos del país.