La Embajada de Estados Unidos en Canadá acusó formalmente a los líderes de ese país de describir abiertamente planes para influir en la política norteamericana.
La grave acusación profundiza el deterioro en la relación bilateral bajo la gestión de la administración de Donald Trump y su ofensiva arancelaria, la cual ha generado una intensa presión política sobre los republicanos de cara a los próximos comicios. Mediante una hoja de ruta difundida públicamente, la delegación diplomática fundamentó sus sospechas señalando que Ottawa direccionó estratégicamente sus aranceles de represalia hacia estados y productos políticamente sensibles para la Casa Blanca.
El informe oficial destaca declaraciones públicas de la ministra de Industria, Mélanie Joly, quien reconoció en reiteradas oportunidades que las medidas económicas buscaban ejercer una presión política inteligente y estratégica en territorio estadounidense. Asimismo, el memorando gubernamental menciona reuniones estratégicas de la funcionaria con dirigentes demócratas, como el gobernador de Illinois, JB Pritzker, como evidencia de estas maniobras de intervención.
La respuesta oficial de Ottawa y el trasfondo de la disputa arancelaria
Ante estos señalamientos, el primer ministro Mark Carney defendió las medidas adoptadas al sostener que todas las acciones del gobierno están enfocadas exclusivamente en la defensa de los trabajadores y las familias canadienses. Por su parte, la ministra Joly rechazó de plano las acusaciones al calificar de injustas las insinuaciones de interferencia electoral, justificando sus viajes recientes como gestiones orientadas a la atracción de inversiones extranjeras.
El extenso documento diplomático también apunta contra otras figuras políticas de peso, como el primer ministro de Ontario, Doug Ford, por una campaña publicitaria contraria a los aranceles, y contra el legislador liberal Anthony Housefather por su activa participación en campañas demócratas en Florida. Mientras tanto, el vínculo bilateral continúa fracturándose en medio de declaraciones cada vez más hostiles, amenazas sobre la soberanía canadiense y un intercambio constante de reproches entre ambas administraciones.