El líder de la peligrosa banda criminal haitiana 400 Mawozo exigió la intervención urgente de la Organización de las Naciones Unidas para negociar con las fuerzas extranjeras, en medio de una masiva operación militar ordenada por el presidente Nayib Bukele.

La sorpresiva solicitud fue presentada a través de una carta fechada el 1 de noviembre en Croix-des-Bouquets y dirigida directamente al secretario general del organismo internacional, António Guterres. En el documento, el criminal conocido como Lanmò San Jou afirmó que su país necesita un entendimiento pacífico y solicitó que la Fuerza de Supresión de Pandillas actúe como mediadora frente a las tropas desplegadas en el territorio.

Este movimiento por parte de la organización armada se produce en respuesta directa al despliegue de más de dos mil soldados en Puerto Príncipe. El gobierno salvadoreño intensificó la presión territorial tras la emboscada sufrida el pasado domingo 18 de octubre, cuando un convoy blindado que trasladaba a cuatro técnicos de aviación de ese país fue interceptado por los delincuentes.

La sombra del secuestro masivo y la advertencia

Hasta el momento, los cuatro uniformados permanecen desaparecidos y las autoridades temen por sus vidas. Ante este escenario crítico, Nayib Bukele advirtió de manera categórica que se recurrirá a una respuesta militar absolutamente implacable si los rehenes no son liberados sanos y salvos a la brevedad.

El historial delictivo de Wilson Joseph incluye causas de extrema gravedad internacional. El gobierno de Estados Unidos mantiene vigente una recompensa de hasta un millón de dólares por su captura, debido a su participación comprobada en el resonante secuestro de 17 misioneros cristianos ocurrido a fines de 2021, un cautiverio que se extendió durante más de dos meses.

En paralelo a las tratativas de mediación solicitadas por los criminales, la Policía Nacional de Haití confirmó la baja de unos veinte integrantes de pandillas durante un operativo de gran escala concretado en la zona de Arcahaie, evidenciando que la escalada de violencia en la región llegó a un punto sin retorno.