Un profundo análisis fiscal revela que el gasto real del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se triplicó desde 1997, un incremento que supera con creces lo justificado por los traspasos de la red de subterráneos, la Policía y los colectivos urbanos.

El debate sobre las cuentas públicas porteñas volvió a cobrar centralidad tras la presentación del Proyecto de Ley Presupuesto en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que proyecta cifras millonarias equivalentes a miles de dólares por habitante. Durante las últimas tres décadas, la expansión del gasto primario local se movió muy por encima de la evolución registrada a nivel nacional, marcando un hito histórico en la administración local.

Para comprender la magnitud de la diferencia, los especialistas analizan la denominada falacia de la causa única, que atribuye toda la suba presupuestaria exclusivamente a la absorción de nuevas competencias. Entre los traspasos más pesados figuran la transferencia de la red de subterráneos operada por SBASE y Emova, la incorporación de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana que dio origen a la Policía de la Ciudad con más de 28.000 efectivos, y más recientemente la asunción total de los subsidios para las 31 líneas de colectivo que circulan íntegramente por el distrito.

El peso real de los traspasos frente al presupuesto total

Al contabilizar el impacto porcentual de cada una de las áreas transferidas, los números muestran una brecha significativa. Incluso redondeando generosamente las estimaciones presupuestarias para cada sector, el conjunto de los traspasos históricos apenas explica una fracción menor del crecimiento total del gasto acumulado en los últimos treinta años.

De esta manera, el sobredimensionamiento del gasto primario del GCBA deja al descubierto fondos que exceden ampliamente las obligaciones transferidas por el Estado nacional. Este desvío financiero equivale, en términos de recursos públicos, a la construcción y puesta en marcha de varias líneas de subte completas cada año, encendiendo las alarmas sobre la eficiencia en la asignación de los recursos de todos los contribuyentes.

La serie histórica también deja en evidencia que el proceso expansivo del gasto comenzó a acelerarse fuertemente en gestiones anteriores, consolidando una estructura fiscal pesada que hoy vuelve a estar en el centro de la discusión política y económica porteña.