Un relevamiento conjunto de cinco consultoras privadas confirma que el mayor nivel de desaprobación a la gestión de Javier Milei se registra con crudeza entre las personas de menores ingresos.
El aumento del rechazo a la figura presidencial ya ronda el 58,8 por ciento a nivel general, pero trepa hasta un promedio del 67,3 por ciento entre los sectores más pobres de la población. El análisis estadístico demuestra que la diferencia de opinión entre las personas que integran la clase baja y la clase alta es incluso más pronunciada que la brecha que se registra tradicionalmente entre hombres y mujeres.
Este fenómeno socioeconómico guarda una estrecha relación con las dificultades cotidianas para llegar a fin de mes. De acuerdo con el último informe de la consultora Zentrix, el 65,3 por ciento de la ciudadanía apenas logra cubrir sus gastos hasta el vigésimo día de cada mes. En sintonía con este dato, el Banco Provincia informó que el 57 por ciento de los empleados privados que cobran sus haberes en esa entidad se quedan sin saldo el día 20, mientras que un 36 por ciento agota sus fondos ya el día 10, en un contexto marcado por una morosidad récord en el endeudamiento de las familias.
El peso de la crisis en los distintos estratos sociales
El director de Zentrix, Claudio Montiel, señaló que el malestar económico desplazó cualquier componente ideológico previo. Según el especialista, la ciudadanía que atraviesa dificultades financieras le asigna la responsabilidad directa al Gobierno, un comportamiento que difiere de lo registrado en etapas anteriores. Por su parte, la consultora internacional Atlas Intel detalló que el mandatario solo mantiene una aceptación favorable en el segmento social con ingresos familiares superiores a los tres millones de pesos.
En la misma línea, el relevamiento evolutivo de la Universidad de San Andrés advierte un cambio de tendencia histórico respecto al inicio de la gestión libertaria. Si bien al comienzo el apoyo era mayoritario en los sectores vulnerables, hoy la aprobación en la clase baja cayó al 30 por ciento, quedando por debajo del 41 por ciento que registra en el estrato más alto.
Finalmente, el estudio de Trespuntozero incorporó el factor educativo para medir el impacto social, revelando que el rechazo trepa al 69,2 por ciento entre quienes poseen únicamente educación primaria. Esta brecha de más de dieciséis puntos porcentuales frente al sector universitario supera ampliamente al diferencial de género, consolidando un panorama donde el factor económico se convirtió en el principal medidor del descontento popular.