El papa León XIV inicia su histórico viaje apostólico de tres días por el país, marcado por una agenda pastoral intensa, misas multitudinarias y un contexto político de profunda polarización.
El pontífice norteamericano Robert Prevost, quien adoptó la nacionalidad peruana en 2015, desarrollará una serie de actividades que incluirán paradas sumamente sensibles como el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole y la cárcel de Devoto. Allí mantendrá contacto directo con sectores marginados y privados de la libertad, fieles al estilo pastoral que su antecesor dejó como legado.
La llegada del Santo Padre se produce tras 39 años sin visitas papales oficiales al país y en un escenario político delicado. El presidente Javier Milei lo recibirá en la Casa Rosada y brindará un discurso acotado en el Palacio Libertad, en cumplimiento con las estrictas directivas emanadas desde el Vaticano para priorizar el mensaje papal.
Una agenda con actos masivos y gestos hacia las periferias
Las muestras de fervor popular se concentrarán en las masivas celebraciones litúrgicas previstas en el barrio porteño de Palermo, en la provincia de Córdoba y en la emblemática Basílica de Luján, congregando a multitudes a lo largo de todo el territorio nacional.
Analistas internacionales advierten que el Papa encontrará una sociedad fuertemente dividida, mientras que puertas adentro de la Iglesia se debaten los complejos desafíos que imponen la secularización y las nuevas formas de espiritualidad contemporánea.
Por su parte, el Gobierno diagramó un operativo de seguridad sin precedentes. A pesar de las evidentes tensiones previas entre la administración libertaria y la cúpula eclesiástica, fue Karina Milei quien asumió el control personal de la logística para garantizar que la visita transcurra sin inconvenientes políticos para el oficialismo.