Un bombardeo atribuido a las fuerzas sauditas en la región yemenita de Saná dejó un saldo de once civiles muertos, entre ellos mujeres y niños, profundizando la crisis humanitaria y bélica en Oriente Medio.

La agencia oficial Saba, vinculada al movimiento hutí, confirmó que el ataque impactó directamente contra viviendas particulares en la zona de Al Shariyah, perteneciente a la provincia de Saná. Según el reporte oficial difundido este sábado, las operaciones de rescate se vieron gravemente obstaculizadas debido a que los equipos de emergencia también fueron blanco de bombardeos en dos oportunidades distintas, un hecho que incrementa la tensión en el terreno.

Este nuevo episodio de violencia se enmarca en la reactivación del conflicto armada ocurrida en el mes de julio, que puso fin a cuatro años de relativa calma y abrió un nuevo frente de alta tensión en la región. Las hostilidades diarias entre la coalición liderada por Riad y los insurgentes proiraníes continúan deteriorando las perspectivas de paz.

Una guerra sin salida diplomática

La escalada militar no se limita a la región de Saná. Recientemente, un ataque contra un mercado en la provincia de Taiz dejó decenas de víctimas mortales, provocando acusaciones cruzadas entre las fuerzas gubernamentales y los insurgentes. La guerra civil en Yemen, iniciada formalmente en 2014, enfrenta a los combatientes hutíes contra el gobierno reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudita.

En septiembre, los insurgentes intensificaron sus operaciones con una ofensiva en el oeste del país para consolidar su dominio sobre el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, una ruta clave para el comercio internacional que conecta Asia con Europa. En respuesta, la aviación saudita bombardea de forma sistemática posiciones rebeldes, mientras que los hutíes responden con ataques balísticos y con drones en territorio saudita, incluyendo la capital Riad.

De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas, el conflicto armado ha provocado hasta el momento la muerte de más de 1.600 personas y ha desplazado a unas 300.000, mientras los esfuerzos diplomáticos siguen sin arrojar resultados concretos para detener la tragedia.