El 25 de enero de 1966, el piloto de pruebas Bill Weaver protagonizó uno de los accidentes más extraordinarios de la aviación militar al sobrevivir a la desintegración de su nave a más de tres veces la velocidad del sonido.
El hecho ocurrió cuando Weaver volaba un SR-71 Blackbird de la Fuerza Aérea de Estados Unidos a Mach 3.18 y a unos 79.000 pies de altura durante un vuelo experimental. En apenas dos o tres segundos, el avión se desintegró y el piloto fue arrancado de la cabina por las descomunales fuerzas estructurales, sin haber realizado una eyección convencional, ya que el asiento expulsor permaneció dentro de los restos del aparato.
El trágico saldo incluyó la muerte del otro tripulante, Jim Zwayer, quien viajaba en el asiento trasero y sufrió una lesión fatal en el cuello durante la ruptura. La misión formaba parte de una serie de ensayos destinados a evaluar los sistemas de reconocimiento y estudiar procedimientos para reducir la resistencia aerodinámica. Sin embargo, un desplazamiento deliberado del centro de gravedad hacia atrás y una falla en el sistema automático de admisión de aire desencadenaron un fenómeno conocido como inlet unstart, provocando la pérdida repentina de empuje y la destrucción del vehículo.
La milagrosa supervivencia a 79.000 pies de altura
La supervivencia de Weaver desafió todas las leyes de la física y la lógica. Las fuerzas aerodinámicas destrozaron el arnés que lo sujetaba y lo eyectaron violentamente sin el asiento. Un factor determinante fue el avanzado traje presurizado que vestía, el cual le suministró oxígeno constante, mantuvo la presión corporal y amortiguó el impacto ambiental extremo a esa altitud.
El paracaídas principal se abrió de manera automática a unos 15.000 pies, permitiéndole descender hasta una zona remota de Nuevo México, donde fue hallado rápidamente por el ranchero Albert Mitchell, quien facilitó su traslado a un centro médico. Este incidente histórico obligó a los ingenieros militares a abandonar las pruebas con centros de gravedad tan retrasados e introdujeron mejoras radicales en los controles digitales de las entradas de aire.