Un devastador ataque ruso con bombas planeadoras contra un centro humanitario en el sur de ucrania dejó al menos 24 muertos y decenas de desaparecidos, marcando el fin inmediato de las expectativas de paz tras una tregua reciente.

El brutal bombardeo ocurrió en la localidad de Komyshuvakha, situada en la región de Zaporiyia, donde las fuerzas rusas lanzaron al menos nueve bombas planeadoras cargadas con miles de libras de explosivos. Uno de los proyectiles impactó de lleno contra una escuela local que funcionaba simultáneamente como refugio antibombas y centro de distribución de ayuda humanitaria.

El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky repudió enfáticamente el ataque y señaló que este episodio demuestra la negativa de Moscú a buscar cualquier tipo de desescalada o justicia real. El trágico suceso se produjo apenas un día después de que concluyera un cese el fuego temporal en la vecina región de Jersón, un acuerdo histórico negociado parcialmente con la mediación de la ex primera dama estadounidense Melania Trump que había permitido evacuar a cientos de civiles.

Una táctica despiadada contra los rescatistas

El saldo mortal continuó elevándose debido a que el ataque incluyó la letal táctica conocida como doble impacto, en la cual las fuerzas rusas reanudan el fuego para matar a los rescatistas que acuden a socorrer a las víctimas. Entre los fallecidos se encuentran dos trabajadores de emergencias y cuatro efectivos policiales que intentaban auxiliar a los heridos entre los escombros.

Mykhailo Semikin, jefe interino de la administración militar regional de Zaporiyia, recorrió la zona devastada y confirmó que las operaciones de rescate debieron suspenderse temporalmente debido a la persistencia de ataques con drones rusos en el área. Las autoridades continúan evaluando los daños materiales y humanos mientras crece la desesperación por localizar a los ciudadanos atrapados.