Las elecciones generales en Israel culminaron sin un ganador claro tras registrarse la mayor participación ciudadana en décadas, dejando el futuro del primer ministro Benjamin Netanyahu completamente en el aire.

La jornada electoral estuvo marcada por una intensa puja política donde un bloque opositor liderado por el ex jefe militar Gadi Eisenkot busca desplazar a la actual administración y a sus aliados de derecha. Si bien las encuestas de boca de urna aportaron un panorama inicial sobre la fuerza de cada partido, las autoridades advirtieron que no son un indicador preciso en una competencia tan ajustada como esta.

El proceso de recuento de votos en territorio israelí se realiza íntegramente de manera manual. Los sufragios depositados en más de 12.000 centros de votación son contabilizados a mano bajo la estricta fiscalización de observadores equipados con cámaras para garantizar la transparencia de los comicios en todo el país.

Un proceso lento y complejo

Una vez finalizado el recuento físico en cada mesa, las actas de papel son trasladadas hacia centros regionales donde los datos se registran de forma electrónica. Este complejo procedimiento demanda horas de trabajo, por lo que las autoridades informaron que los resultados oficiales definitivos comenzarán a difundirse de manera paulatina una vez completadas las verificaciones.

Al tratarse de una democracia parlamentaria, ningún partido político se perfila para obtener una mayoría absoluta de los votos. Una vez que finalice el conteo, se abrirá un período de negociaciones para formar gobierno que podría demorar semanas o incluso meses. Como ocurrió en 2021, la fuerza política que obtenga la mayor cantidad de escaños no tiene garantizado asumir el poder, ya que la conformación de coaliciones parlamentarias suele deparar giros inesperados en el escenario político.