El exjefe militar israelí Gadi Eisenkot se perfila para recibir el encargo de formar un nuevo gobierno, desplazando al primer ministro Benjamin Netanyahu, tras conseguir el respaldo de partidos que suman 67 escaños.

Completar esta misión representa quizás el desafío más difícil en la carrera de Eisenkot. Las facciones que lo recomendaron abarcan un arco político diverso que incluye a sectores de izquierda, derecha, centro y formaciones de mayoría árabe, cuyas promesas de campaña parecían incompatibles hasta el momento.

La presión sobre los aliados políticos es máxima debido a que el fracaso en las negociaciones podría conducir a Israel hacia una nueva ronda de elecciones. Dicho escenario dejaría a Netanyahu en el poder de forma interina, aprovechando todas las ventajas de la incumbencia institucional mientras la oposición enfrenta un panorama incierto.

Un panorama político marcado por divisiones extremas

Una alternativa de gobierno de unidad donde Eisenkot y Netanyahu compartan el poder resulta prácticamente impensable. Durante la campaña, Eisenkot mantuvo una postura inflexible al señalar que Netanyahu es inepto para continuar en el gobierno tras la responsabilidad asumida por el peor ataque en la historia del país ocurrido el 7 de octubre de 2023.

Las próximas horas serán determinantes para definir si las distintas fuerzas logran superar sus profundas diferencias ideológicas y étnicas o si el país se aboca inevitablemente a una nueva crisis institucional de proporciones históricas.