El líder chino Xi Jinping advirtió que los funcionarios siguen sin ser confiables y endurecerá los controles ante su inminente cuarto mandato.
Durante más de una década, el presidente chino ha implementado una intensa tormenta de investigaciones por corrupción y campañas de lealtad para doblegar a los funcionarios del país. Ahora, mientras se prepara para reclamar cinco años más en el poder, Xi Jinping se queja públicamente de que algunos sectores gubernamentales siguen siendo desleales, apáticos y corruptos, exigiendo medidas mucho más severas.
La implacabilidad de esta campaña de control quedó demostrada este mes cuando el Partido Comunista anunció una investigación formal contra Huang Qifan, el exalcalde de la importante ciudad de Chongqing. Este tipo de procesos casi invariablemente culminan con el encarcelamiento del acusado, lo que demuestra que nadie tiene el puesto asegurado dentro de la estructura partidaria.
Una cumbre clave en Beijing
Esta noticia trascendió justo antes de que el comité central del partido se reuniera en Beijing. Durante este cónclave de cuatro días, la plana mayor evalúa las reglas estrictas para fiscalizar a los cuadros políticos y sienta las bases para que el actual mandatario asegure su continuidad en el congreso del año 2027.
Expertos en política internacional señalan que la obsesión por la obediencia responde a la necesidad de designar a una nueva cohorte de funcionarios jóvenes. Para analistas como Neil Thomas, investigador del Asia Society Police Institute, el legado que busca consolidar el líder apunta primordialmente a un Partido Comunista fortalecido como cimiento indispensable para una China dominante en el escenario global.