Los esfuerzos para mantener con vida a la liga LIV Golf colapsaron por completo luego de que fracasaran las negociaciones clave y se anticipara una inminente liquidación.
La organización había presentado una solicitud de protección por bancarrota bajo el Capítulo 11 en el mes de septiembre, luego de que sus inversores de Arabia Saudita confirmaran sus planes de retirar el financiamiento definitivo tras la temporada 2026. La firma BC Partners, que había acordado de manera tentativa invertir en una renovación denominada LIV 2.0, decidió retirarse oficialmente del acuerdo.
La operación dependía estrictamente de la firma de una cantidad específica de deportistas. Aunque al menos treinta jugadores mostraron interés inicial, las condiciones económicas representaron un obstáculo insalubre en las negociaciones con sus representantes, impidiendo cumplir con los plazos judiciales establecidos.
La fuga de estrellas y el impacto geopolítico
A esta crisis financiera se sumó la baja de múltiples figuras en las últimas semanas, incluyendo a Jon Rahm y Sergio García, lo que desplomó por completo el atractivo comercial de la competencia en el mercado global.
El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita destinó más de 5 mil millones de dólares al proyecto. Sin embargo, la reconfiguración geopolítica en Medio Oriente y la volatilidad en los precios de la energía alteraron drásticamente las prioridades estratégicas de los inversores.
Mientras los críticos señalaron desde el inicio que la liga formaba parte de una estrategia de lavado de imagen, defensores como Phil Mickelson insistieron en su potencial expansivo. Ahora, todas las miradas se posan sobre los próximos pasos que dará la máxima figura del circuito, Bryson DeChambeau.