Una fulminante crisis política e institucional sacude a Paraguay tras la destitución del presidente Santiago Peña, eyectado del poder en cuestión de horas en medio de un gigantesco escándalo financiero que involucra al Ueno Bank, autopréstamos millonarios y fondos públicos comprometidos.

La apertura económica, la desregulación financiera y la facilidad para crear empresas convirtieron a Paraguay en un terreno fértil para los negocios opacos y el lavado de dinero. El detonante de la caída de Santiago Peña fue un pedido de informes impulsado desde el propio oficialismo por orden del ex presidente Horacio Cartes, líder histórico del Partido Colorado y antiguo empleador del mandatario. El trasfondo de la ruptura radica en el intento de Peña y su vice, Pedro Alliana, de independizarse del control político del caudillo empresario.

El epicentro del colapso es el Ueno Bank, entidad surgida de la Financiera Ueno. Tras asumir el poder, Peña designó al frente del Banco Central a Carlos Carvallo, ex director de dicha financiera hasta agosto de 2023. Desde ese puesto clave, Carvallo autorizó un desembolso extraordinario de 300 millones de dólares para que Ueno adquiriera la cartera de incobrables de Visión Banco y concretara su fusión. Las maniobras incluyeron un festival de préstamos discrecionales, entre ellos 42 millones entregados a una empresa del grupo de Miguel Vázquez y un crédito de 1,2 millones destinado a la nuera del propio jefe de Estado.

Fondos públicos y redes de complicidad en la mira

La magnitud del colapso financiero arrastró también al diminuto Estado paraguayo. El Instituto de Previsión Social, la caja previsional de los jubilados, había invertido 355 millones de dólares en la entidad bancaria, sumando un total de 850 millones de dólares en depósitos estatales atrapados en la crisis. Investigaciones periodísticas locales revelaron además una compleja red de parentescos e influencias que unía al gabinete nacional con la cúpula del banco, incluyendo al asesor jurídico de la Presidencia, Roberto Moreno Rodríguez Alcalá, concuñado del ministro de Economía, Carlos Fernández Valdovinos, y del presidente de Ueno Bank, Juan Manuel Gustale.

El propio Santiago Peña figuraba como accionista relevante de la estructura corporativa detrás del holding financiero, poseyendo miles de millones de guaraníes en acciones. La abrupta caída del mandatario no sólo dinamita el modelo económico basado en la hegemonía de las finanzas internacionales, sino que deja al descubierto un entramado de poder, negocios opacos y desvío de recursos que amenaza con extender sus esquirlas a toda la región.